Renunciando religiosidad

La religión . . . es un sistema de creencias y conductas que uno adopta con el fin de alcanzar vida . . . Como tal, es parte del mundo idólatra caído, y está intrínsicamente relacionada con nuestro mal habido conocimiento del bien y del mal.

Aunque todas las religiones, incluyendo la religión cristiana, contienen mucha sabiduría y hacen mucho bien en el mundo, también son capaces de hacer mucho mal. El mal no sólo consiste en haber derramado vastas cantidades de sangre en avanzar sus causas y en defender la certeza de sus posiciones. Consiste también en que sistemáticamente privan a la gente de experimentar el amor y la vida de Dios como un regalo gratuito fluyendo hacia ellos y por medio de ellos. Mientras uno esté tratando de alcanzar una relación con Dios, él o ella no puede recibir una relación con Dios por medio de la gracia.

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A la luz de esto, la religión del cristianismo es el ejemplo más trágico del daño que la religión a veces causa. En cierto sentido es la negación más fundamental de la vida y mensaje que Jesús vino a traer. Porque la conducta idólatra de la religión cristiana es practicada en el nombre de Aquel que vino a darnos libertad de la necesidad de conducta idólatra. En el nombre de Jesús, la iglesia frecuentemente ha excluido, torturado, y puesto a muerte a la misma gente por quien hemos sido llamados a poner nuestra vida. Pese a que nuestra comisión fue vivir de tal manera que nuestro amor extravagante señalaba la realidad de Jesucristo, frecuentemente hemos dado al mundo toda razón para negar la realidad de Jesucristo. En muchas maneras, las palabras del profeta Natán dirigidas a David tienen aplicación a nosotros: hemos actuado de una manera tal que hemos dado razón a los enemigos de Dios de blasfemar (2 Samuel 12:14).

A la luz de esto, nosotros que somos el cuerpo de Cristo tenemos que arrepentirnos, de manera individual y colectiva. Tenemos que pedir perdón a Dios y al mundo, por ser religiosos.

Nos hemos esforzado en practicar la religión
cuando nuestro llamado fue practicar el amor.

En gran medida hemos predicado nuestra propia versión del conocimiento del bien y del mal como si fuera el mensaje de salvación. Tenemos que confesar que hemos pecado de la forma más grave con frecuentemente amar más nuestra versión de la verdad y de la ética que a la gente, y aun a Dios mismo. Porque uno no puede amar genuinamente a Dios mientras rehusa amar al prójimo (1 Juan 4:20) . . .

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Tenemos que arrepentirnos de nuestra adicción al Arbol del Conocimiento del Bien y del Mal, del cual hemos buscado obtener vida a expensas de otros. Tenemos que arrepentirnos de colocar nuestra “justicia” por encima del amor. Tenemos que negarnos a nosotros mismos, colectiva e individualmente, y confesar que nuestra verdadera identidad es amar y servir de manera sacrificial al mundo, como Cristo nos sirvió a nosotros de manera sacrificial. Tenemos que arrepentirnos de nuestra religión cristiana y pasarnos a vivir plenamente “en Cristo.”

No tenemos que intentar hallar vida
por medio de nuestra sana doctrina
o en nuestra piedad, aunque estas sean importantes.
Buscar vida en ellas es religión

Nuestra vida ha de ser encontrada en Jesucristo, y únicamente en Jesucristo. Cuando nos arrepentimos de nuestra religiosidad y nos comprometemos con ver a Dios, a nosotros mismos, y a cada persona con la que nos encontramos según él o ella es revelado en Jesucristo, y permitimos que el Espíritu de Dios exprese esta verdad por medio de nuestro amor extravagante y sacrificial, el mundo reconocerá que Jesucristo es el Señor, como Jesús mismo prometió . . .

Debemos testificar que es sólo por medio del extravagante amor y misericordia de Dios que existe alguna esperanza para cualquiera de nosotros. Y eso, al final de cuentas, es el único mensaje que jamás hemos tenido para ofrecer a alguien.

–Gregory A. Boyd
Repenting of Religion

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Ahora me glorío en el Señor

 

“En Jehová se gloriará mi alma; lo oirán los manos, y se alegrarán.” (Salmos 34:2)

YO SOLÍA GLORIARME en conocer las Sagradas Escrituras. Cuando alguien preguntaba por algún versículo en la Biblia, casi siempre podía indicarle donde encontrarlo. Cuando yo estaba presente, ¡no hacía falta una concordancia! Yo creía que el conocimiento bíblico era sinónimo de espiritualidad. ¡Y de pronto me di cuenta que los que mejor conocían la Biblia en los Evangelios fueron quienes mataron a Jesús! Tuve que darme cuenta que conocer el libro de Señor no es lo mismo que conocer al Señor del libro. Comencé a entender que no es asunto de acumular información acerca de Dios, sino de entrar en una relación con El. Cristo dijo: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí…” (Juan 5:39, 40). Ahora no me conformo con conocer la Palabra escrita—quiero conocer a la Palabra viva. AHORA ME GLORÍO EN EL SEÑOR.

YO SOLÍA GLORIARME en cuán bien lograba vivir la vida cristiana. Yo establecía normas elevadas, las defendía con fervor, y buscaba vivir a la altura de ellas. Me daba satisfacción pensar que me encontraba un tanto más arriba que otros cristianos que no se regían con esas normas—o ni siquiera las conocían. ¡Me sentía orgulloso de mi humildad! ¡Cuán difícil me resultó reconocer que la espiritualidad no consiste en cumplir normas, sino en “la fe que obra por el amor” (Gálatas 5:6)! Y tuve que descubrir que mis actitudes de crítica y juicio eran pecados peores que “las faltas” que yo censuraba en otros. Yo estaba condenando pajas mientras que yo cargaba un tronco. Mi espiritualidad resultó ser ficticia. AHORA ME GLORÍO EN EL SEÑOR.

YO SOLÍA GLORIARME en no haber cometido algunos de los pecados escandalosos en los que otros se atrapaban. El pensar que yo no me había deslizado en esos hoyos, me proporcionaba bastante satisfacción; me daba un sentido de superioridad moral. Sin embargo, tuve que darme cuenta que en mí había monstruos mucho más aborrecibles aun—como el orgullo y la auto justicia. ¡Y estos pecados eran los más graves de todos! Además me hacía falta entender que en mi corazón existía el pleno potencial de cometer cualquiera de esos pecados “escandalosos.” Si no lo he hecho, no es gracias a alguna virtud mía; es gracias a El. AHORA ME GLORÍO EN EL SEÑOR.

YO SOLÍA GLORIARME en mi relación con congregaciones que buscaban funcionar en base al padrón neo-testamentario. Yo creía que hacíamos las cosas correcta y bíblicamente—¡no como otros que ignoraban estos principios bíblicos! Me llevó bastante tiempo reconocer que nuestro llamado no era simplemente hacer las cosas correctamente según la Biblia. Somos llamados a manifestar a Cristo—y en ese campo estábamos lejos de la meta. Seguir un padrón (aunque sea bíblico) te puede volver orgulloso; seguir a una Persona te mantendrá humilde. AHORA ME GLORÍO EN EL SEÑOR.

YO SOLÍA GLORIARME en mis buenas posiciones doctrinales. Tenía la seguridad de contar con capítulo y verso para apoyar mis convicciones bíblicas. ¡Qué bien podía debatir las menudencias teológicas! Mi ortodoxia me proporcionaba cierto rango espiritual más arriba de aquellos que no eran similarmente iluminados. Sin embargo, las Escrituras afirman: “Si alguno se imagina que sabe algo, aún no sabe nada como debe saberlo” (1 Corintios 8:2). ¡Fue un abridor de ojos comprender que yo me encontraba en la categoría de los que no saben nada! Mis pretensiones de tener buena doctrina comenzaron a desvanecerse al entender que por más conocedores que seamos, todos “vemos por espejo oscuramente” (1 Corintios 13;12). Ahora me doy cuenta que no tengo motivo alguno para jactarme de mis supuestos conocimientos. AHORA ME GLORÍO EN EL SEÑOR.

YO SOLÍA GLORIARME en haber esquivado los muchos errores que abundan en el escenario evangélico. Al ver a algunos arrastrados por nuevas corrientes extremistas, me fue muy fácil criticarlos. ¡Qué lamentable que otros carecieran de discernimiento espiritual! ¡Cuán pocos nos mantenemos firmes en la verdad de Dios! Sin embargo, mis actitudes condescendientes sufrieron un revés cuando me topé con Filipenses 2:3: “antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo.” ¿Qué es lo que me hacía pensar que podía poseer la verdad de Cristo, mientras había en mí una total ausencia de la mente y actitud de Cristo? Mi jactancia resultó ser vana. AHORA ME GLORÍO EN EL SEÑOR.

YO SOLÍA GLORIARME en mi trayectoria de servicio cristiano. Había invertido buenos años en ganar a otros para Cristo, enseñar la Palabra, y servir en la Obra. Creía haber hecho una contribución positiva al reino de Dios. Sin embargo, me faltaba aprender lo que Pablo había afirmado: “he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo” (1 Corintios 15;10). Ahora me doy cuenta que si una rama lleva fruto es enteramente gracias a la vid. El Señor dijo: “separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15:5). Aprender eso fue difícil, pero crucial. Lo que tiene valor no es lo que nosotros hacemos, sino lo que El hace a través de nosotros. AHORA ME GLORÍO EN EL SEÑOR.

YO SOLÍA GLORIARME en mi logros en distintas áreas. Estoy comenzando a entender que ninguno de estos son motivo para auto felicitarme—sólo son motivo de gratitud. El apóstol Pablo formuló estas preguntas escudriñadoras: “Porque ¿quién te distingue? ¿o qué tienes que nos hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?” (1 Corintios 4:7). Estoy aprendiendo que existe una sola razón para gloriarme. AHORA ME GLORÍO EN EL SEÑOR.

“Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Más alábase en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra…” (Jeremías 9:23,24).

“Pero lejos esté de mi gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo” (Gálatas 6:14).

(El autor de este ensayo es un misionero que se siente fuertemente tentado a gloriarse en haber escrito tan buen artículo.)

 

El Logos fue hecho carne

“Y aquella Palabra fue hecha carne.” (Juan 1:14)

Sin este verso la fe cristiana es la Palabra hecha palabra—una idea, una filosofía, un moralismo: con este verso la fe cristiana es la Palabra hecha carne, un hecho—un hecho Redentivo, el Hecho Supremo…

Discutir “la Palabra hecha carne” como una proposición es hacer que la Palabra sea hecha teología; pero discutirlo, no como una proposición, sino como una propuesta de cambio y acción—eso se acerca más a “la Palabra fue hecha carne”.

Nadie se hubiera imaginado que el Dios del universo hubiera tomado un cuerpo y se hubiera convertido en humano para redimir a los humanos. Un amor de ese tipo sencillamente no existe . . . Nunca lo hubiéramos creído si no lo hubiéramos visto.

La Palabra tenía que hacerse carne para hacerse creíble. A menos que el ojo hubiera visto y el oído hubiera oído, nunca hubiera entrado en nuestros corazones lo que Dios tiene preparado para nosotros.

Con razón Barclay podía decir: “Se podría afirmar que este es el versículo más importante de todo el Nuevo Testamento.”

    
 -E. Stanley Jones

Es tiempo de volver a JESÚS

  • Cuando hemos adquirido mucho conocimiento doctrinal y nos hemos profundizado notoriamente en la verdad, descuidando en el proceso el amor — es tiempo de volver a JESÚS.
  • Cuando hemos predicado nuestra línea, nuestra teología y hemos defendido y promovido nuestras posiciones e interpretaciones hasta perder de vista que la verdad es una Persona — es tiempo de volver a JESÚS.
  • Cuando hemos creído ser los mejores, los más fieles a la Biblia, los más escriturales hasta volvernos excelentes fariseos — es tiempo de volver a Aquel que fue enemigo de la religiosidad — es tiempo de volver a JESÚS.
  • Cuando nos hemos alejado de todos los que tienen errores doctrinales y prácticas cuestionables hasta quedarnos con el remanente más santo — es tiempo de volver al Amigo de los pecadores — es tiempo de volver a JESÚS.
  • Cuando nos hemos vuelto diestros en detectar las fallas de otros, en identificar sus errores y defectos, sin tener lágrimas en los ojos o dolor en el corazón, es tiempo de volver a Aquel que un día lloró sobre Jerusalén — es tiempo de volver a JESÚS.
  • Cuando nos gloriamos en nuestra afiliación eclesiástica, y nos jactamos de nuestro grupo, creyendo ser superiores a los demás, es tiempo de volver a Aquel que anduvo considerando “a los demás como superiores a él mismo” — es tiempo de volver a JESÚS.
  • Cuando nos encontramos enfocados en una doctrina, en un formato, en una línea, en un sistema, o en cualquier otro asunto secundario, es tiempo de volver al Centro — es tiempo de volver a JESÚS.
Published in: on 23 diciembre 2009 at 9:38 pm  Dejar un comentario  
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El camino es una Persona

“El Camino no es un principio o una fórmula sino una Persona. Caminar en la Verdad no es meramente asimilar y aceptar ciertos hechos espirituales, sino que es seguir a una Persona. El Engaño no consiste en malinterpretar doctrinas o principios; el engaño es estar fuera de la voluntad de Dios. Podemos conocer con precisión toda la verdad y aún ser desobedientes.

Nuestra meta va más allá
de sólo conocer el libro del Señor;
es conocer al Señor del libro.

Podemos memorizar la Biblia y no conocer a la Palabra misma. Jesús es la Verdad, y El es la suma de todas las verdades aisladas que fueron restauradas o serán restauradas en el siguiente mover de Dios. Nunca más debemos permitir que seamos distraídos de la sencillez de la devoción a Cristo Mismo.”

-Rick Joyner

El tema crítico

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“Algunos eruditos en la teología han estado insistiendo que el tema crítico en la iglesia es lo que creemos acerca de Jesucristo. En esencia, él siempre ha sido el tema crítico en la iglesia, y de hecho, en la historia.

Invariable e inevitablemente, cuando otra cosa es convertida en el tema crucial, eso tiende a dividir a aquellos que siguen a Jesucristo como Salvador y Señor. Una manera de ver esto es que cuando permitimos que otros temas polaricen a los que tienen a Cristo como Señor, ese tema, cualquiera que sea, es elevado a una posición de mayor importancia que Cristo mismo. Un eminente erudito . . . lo expresó así: “Cuando Ud. convierte algo en el tema crucial, lo convierte en ídolo.”

–Richard Halverson

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