El Hijo Pródigo (versión corregida)

Si nosotros hubiésemos escrito esta historia en lugar de Cristo, tal vez hubiera salido así…

Un hombre tenía dos hijos y el mayor de ellos dijo a su Padre: “Padre, dame la oportunidad de administrar tus bienes y propiedades que tienes en la provincia apartada,” y le concedió lo que había pedido. No muchos días después, se fue lejos a la provincia lejana y comenzó a labrar los terrenos de su padre, trabajando diligentemente.

Y cuando había implementado nuevos métodos y técnicas vino mucha prosperidad a la granja y comenzó a tener gran abundancia. Y se fue y contrató a más obreros y los envió a su hacienda para ayudar a recoger la abundante cosecha. Y vivía disfrutando los frutos de su trabajo, teniendo mucho para comer.

Y un día dijo para sí: “¡Cuánto no desearía visitar a mi padre y contarle cómo me ha ido en la provincia apartada!” Y dijo: “Me levantaré e iré a mi padre y le diré: “Padre, he trabajo tus tierras, he administrado tus bienes y me ha ido bien. Me he portado dignamente como hijo tuyo. Hazme administrador de algunos terrenos más que tienes.”

Y levantándose vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre y fue movido a gozo y corrió y se echó sobre su cuello y le besó. El hijo dijo: “Padre, he trabajado tus tierras y he administrado tus bienes. Creo que soy digno de que tú me confieras mayores responsabilidades.” Y el padre dijo a sus siervos: “Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y bebamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo es muy inteligente, responsable y trabajador. Se había ido a administrar mis propiedades y ha prosperado; se había esforzado y todo le ha salido bien.”

Y su hijo menor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas, entonces se acercó y quería entrar. Salió su padre y no le dejó ingresar a la fiesta. Mas él respondiendo, dijo al padre: “He aquí es cierto que no te he servido bien. He malgastado la parte de la herencia que me tocó, pero quisiera gozarme en la fiesta. No he sido como mi hermano mayor que ha administrado bien tus propiedades, pero, por favor, quisiera que me dejes entrar.”

Entonces le dijo el padre: “Hijo, tú siempre me has fallado y todo lo que te he dado lo has administrado mal. Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos porque este tu hermano ha sido muy trabajador y diligente.”

Y dejando afuera al hijo infiel, comenzaron a regocijarse.

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Published in: on 31 enero 2010 at 3:30 am  Dejar un comentario  

Un Cristo secular

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Yo creo en un Cristo secular.

No creo en un Cristo religioso.

No creo en ese Cristo que los hombres han puesto en un edificio especial para ocasiones especiales, con formas especiales de hacer cultos, con lenguaje especial, con música especial, con ropa especial . . .

Eso no tiene nada que ver con el Jesucristo de la Biblia.

Jesucristo fue una persona secular.

Por eso los religiosos de su época no lo podían soportar.

A Cristo no le interesaban para nada sus normas religiosas.

Yo creo en un Cristo secular.

Un Cristo que maneja serrucho en una carpintería.

Un Cristo que alza a niños y los hace reir.

Un Cristo que disfruta fiestas, habla con prostitutas y acepta invitaciones para cenar.

Un Cristo que aparece en el campo, en la cima de montañas, en el camino, en casas, o en medio del lago.

Un Cristo que come, que ríe, que camina, que conversa, que llora, que duerme y juega con niños.

Yo creo en un Cristo secular.

Así que dejemos a un lado lo religioso.

Eso no va con El.

Puedes ponerte tus blue jeans.

Puedes vivir con Jesús jugando fútbol, comiendo helados, cantando en la ducha, dando un examen o cavando una zanja.

Ya no hay recintos sagrados.

Ya no hay momentos sagrados.

Cuando Cristo vive en ti todo es sagrado.

Así que puedes meter las manos en los bolsillos y ser plenamente humano.

El también lo fue.

Yo creo en un Cristo secular.

-adaptado de Norman Grubb

Deje todo ese afán

El evangelio es la buena noticia de que todo el alboroto y afán del ser humano en cuanto a su relación con Dios ya no viene al caso porque Dios, en el misterio de la Palabra que es Jesús, ha ido y lo ha arreglado Él mismo. Así que deje todo ese afán.

 –-Robert Capon 

Suficiente que hacer

Los que son verdaderamente sabios hablan poco de la religión y no son dados a tomar partido en las discusiones doctrinales. Cuando escuchan a otros promoviendo o oponiéndose a las declaraciones de este o otro bando en la iglesia, ellos se alejan con una sonrisa como las que surgen al escuchar la charla de niños. Ellos dirían que no tienen tiempo para esa clase de cosas. Tienen suficiente que hacer al tratar de cumplir fielmente aquello que es claramente indiscutible.
 –George MacDonald

¿Santos o demonios?

Los que piensan haber
llegado [a la perfección],
se han equivocado de ruta.
Los que creen que
han alcanzado su meta,
la han perdido.
Los que piensan que son santos,
son demonios.

–Henri Nouwen
The Genessee Diary

Dios es como Jesús

George Buttrick, ex-capellán de (la universidad de) Harvard, hace recuerdo que estudiantes solían entrar a su oficina, sentarse en una silla y declarar: “No creo en Dios.”

Buttrick les sorprendería con esta respuesta: “Siéntate y cuénta qué tipo de Dios es él en quien no crees. Probablemente yo no crea en él tampoco.” Y luego él les hablaría de Jesús, quien corrige todas nuestras suposiciones acerca de Dios.

-Philip Yancey

No tan seguro

Cuando yo era joven tenía convicciones firmes acerca de todo; después de unos años, habiéndome equivocado mil veces, ya no estaba tan seguro de la mayoría de las cosas como antes; y en el presente, casi no estoy seguro de nada excepto aquello que Dios me ha revelado.

 -Juan Wesley

Published in: on 14 enero 2010 at 10:25 pm  Dejar un comentario  

La Verdad que da vida

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Es posible entender correctamente toda la doctrina cristiana y aun no ser cristiano.

Ser cristiano no consiste
en una mera comprensión de
ciertas doctrinas y principios espirituales;
consiste en tener nuestra vida en Jesús.

Si la verdad nos conduce a Jesús, ha cumplido su propósito. Pero si la verdad en sí se convierte en el asunto central, bien puede ser otra versión del conocimiento del bien y del mal. La información que se encuentra en el Arbol del Conocimiento, sin duda podrá ser correcta y fidedigna, pero hay una verdad que mata y hay La Verdad que da vida—y debemos aprender a distinguir entre ellas.

-Rick Joyner

El Imán Central

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Si preguntas a una congregación de cristianos: “¿Qué es lo que creen?” habrá un coro de respuestas divergentes, porque no hay dos personas que creen exactamente lo mismo. Pero si hacemos la pregunta: “¿En quién confías?” entonces todos estamos unidos. Si nos enfocamos en el cristianismo enfatizando el “¿qué?” el resultado es división, pero si enfatizamos el “¿quién?” entonces juntos somos atraídos al lugar del Imán Central… El es el eje que mantiene unidos en sí los diversos rayos.

–E. Stanley Jones

Published in: on 12 enero 2010 at 8:13 pm  Dejar un comentario  
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Transmitiendo luz

Palabras que no transmiten la luz de Cristo aumentan la oscuridad.

                     -Madre Teresa

Published in: on 12 enero 2010 at 7:16 am  Dejar un comentario  

Para cambiar un foco

        ¿Cuántos Pentecostales se necesita para cambiar un foco? Uno para cambiar el foco y nueve para reprender el espíritu de tinieblas.

     ¿Cuántos Calvinistas se necesita para cambiar un foco? Ninguno. Dios ha predestinado cuando va a haber luz. Los Calvinistas no cambian focos. Ellos sencillamente confían que Dios sabe mejor si ha de haber luz o no.

     ¿Cuántos Tele-evangelistas se necesita para cambiar un foco? Uno solo. Pero, para que el mensaje de luz continúe, envíe su ofrenda de amor hoy mismo.

     ¿Cuántos Hermanos Libres se necesita para cambiar un foco? ¿Cambiar? ¿Quién habló de cambiar?

     ¿Cuántos Fundamentalistas se necesita para cambiar un foco? No más que uno, porque un número mayor podría caer en el ecumenismo.

     ¿Cuántos Católicos se necesita para cambiar un foco? Ninguno. Ellos siempre usan velas.

     ¿Cuántos Tradicionalistas se necesita para cambiar un foco? Uno para cambiar el foco y nueve para comentar de las virtudes del foco anterior.

     ¿Cuántos Bautistas se necesita para cambiar un foco? Siete en el Sub-Comité de Iluminación estudiarán el problema, y darán su informe a los diez miembros del Comité Central. Después de un análisis, ellos darán sus recomendaciones al Comité de Finanzas, compuesto de 6 miembros. Ellos presentarán los resultados de su estudio para ser debatido en la Asamblea General y sometido a votación. Luego el secretario, a través de un memorándum, autorizará al Comité de Mantenimiento a proceder de acuerdo a la decisión tomada (siempre y cuando a alguien no se le haya ocurrido cambiar el foco por su cuenta).

   
Published in: on 10 enero 2010 at 9:11 pm  Dejar un comentario  

El rival principal

El rival principal de la intimidad espiritualidad es la religión. Siga a nuestro Señor por las páginas de los Evangelios y observe quiénes se oponen a él. Sus conflictos no son con reyes y reinas o ladrones o bandidos, sino con la predominante gente religiosa de su época. La religión, un sistema cansador de hacer y no hacer, de deberes y obligaciones—impotente para cambiar las vidas humanas pero trágicamente capaz de devastarlas—es lo que queda después que se ha disipado un auténtico amor a Dios. La religión es la cáscara que queda después que lo genuino ha desaparecido.

–Doug Banister
The Sacred Quest

Perdiéndole de vista

Algunos tejen un velo de doctrinas que ocultan al Salvador de su vista. Está decorado con credos, definiciones y declaraciones ortodoxas de la verdad. Lo que les inspira no es Cristo sino las doctrinas de Cristo; la muerte de Cristo en lugar del Cristo que murió; la resurrección en lugar de Aquel que resucitó; el sacerdocio en lugar del sacerdote. La precisión de nuestras nociones acerca del Salvador puede hacer incluso que perdamos al Salvador mismo.

 -F. B. Meyer

Published in: on 8 enero 2010 at 10:35 pm  Dejar un comentario  
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¿Para qué estamos?

 

• No estamos para promover una línea, un punto de vista, un enfoque—estamos para proclamar a Cristo

• No estamos para levantar un ministerio—estamos para levantar a Jesús

• No estamos para hacer crecer nuestra agrupación—estamos para que la gente conozca y le siga al Hijo de Dios

• No estamos para decir que tenemos la verdad—estamos para decir que El es la verdad

• No estamos para debatir asuntos de la periferia—estamos para enfocarnos en el Centro, en Cristo Jesús

• No estamos para seguir ciertos principios o formatos—estamos para seguir a una Persona

• No estamos para decir que tenemos la razón—estamos para declarar que Jesús es el Señor

• No estamos para indicar que nuestro grupo es el mejor—estamos para afirmar que no hay nadie como El

• No estamos para hacer otra cosa sino—anunciar “las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable.”


“Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado.” (1 Co. 2:2)

“Lo que importa es que Cristo lo es todo.” (Col. 3:11 BPT)

“Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas” (Ro. 11:36)


Published in: on 3 enero 2010 at 10:33 pm  Comments (1)  

Una Audiencia con el Rey

Muchos años atrás, los habitantes de un país lejano vivían bajo el reinado de un maravilloso rey. Como podría esperarse, el monarca vivía en un palacio de gran esplendor. Era un edificio impresionante con torres que apuntaban hacia el cielo, famosas obras de arte, jardines con estatuas, sirvientes, arañas de luces de cristal. Era un lugar digno de un rey.

Entre los muchos que trabajaban en el palacio había un equipo real de jardineros. Ellos tenían la responsabilidad de mantener los setos, las flores, las fuentes, el césped y los árboles. Estos trabajadores atendían su labor siguiendo con mucho cuidado los establecidos procedimientos del jardín real. Constantemente se les veía podando, regando y haciendo que los terrenos del palacio parezcan a un pedazo del paraíso. En momentos de descanso ellos se ponían a conversar del los asuntos del jardín o de los sucesos de la comunidad. Alguna vez platicaron con alguno de los cocineros o mayordomos del palacio.

Pese a que trabajaban dentro de la propiedad real ellos nunca en realidad vieron al rey. Sabían que él vivía ahí. Sabían que alguna vez él iba de viaje, pero ninguno de ellos le había visto jamás. Aparentemente su majestad nunca salió a pasear por los jardines. De vez en cuando los empleados del interior del palacio comentaron de algún incidente de la vida del monarca, y los jardineros siempre escucharon con mucha atención y envidia. Pero, ver al rey era un especial honor que ellos no disfrutaban.

Alguna vez el tema del rey surgió en las conversaciones de los jardineros, pero siempre fue información de segunda mano, obtenida de otros o del periódico local. Más que nada ellos hablaban del trabajo en el jardín o de las noticias del pueblo. Si bien ellos estaban a diario en la propiedad del palacio, no estaban entre los privilegiados que tenían contacto con su majestad. Ellos sabían muy bien que jardineros no confraternizan con realeza. Y, con ese entendido, ellos sencillamente se abocaron a su labor.

Sin embargo, un día sucedió lo inesperado. Uno de los nuevos jardineros estaba podando un seto por el lado este del palacio, cuando de pronto, detrás de una fila de árboles, lo divisó. Sin lugar a dudas, fue el rey mismo, paseando en el jardín. El jardinero quedó atónito. El monarca era todo lo que él imaginaba que fuera y mucho más. Un varón noble y extraordinario. Y, luego de unos segundos, se perdió de vista. El jardinero se esforzó por verle de nuevo, pero el rey se había ido.

Sin poder creer lo que había pasado, él retornó a su labor. Sin embargo, después de haber visto al rey, fue demasiado difícil continuar tranquilamente con el recorte de setos. ¡Lo había visto de verdad! Sentía que su corazón le iba a salir de su pecho.

No podía esperar el momento del descanso para contar a su colegas lo sucedido. Sin embargo, la respuesta de ellos no fue muy favorable. Sus compañeros se hicieron la burla y le dijeron que dejara de hablar tonterías. Ellos calificaron de absurdas sus palabras, y volvieron a su conversación sobre los asuntos del jardín.

Todo fue muy confuso para el nuevo obrero. ¿Cómo era posible que ellos hubiesen trabajado tantos años en jardín real sin jamás haber visto al rey? Y, ¿por qué no podían creer lo que le había sucedido? ¿Acaso pensaban que su majestad fuera un mero concepto, una idea, una teoría, un tópico de conversación? El jardinero calladamente se retiró del grupo. Después de haber visto al rey, el discutir temas del jardín dejaba de cautivar su interés. De hecho, todo otro tema perdió su brillo.

En las semanas que siguieron él logró vislumbrar a su majestad en varias oportunidades. Cada vez fue algo muy fugaz, pero muy emocionante. Como resultado el nuevo empleado quedó cada vez más fascinado con el tema del rey, y comenzó a producirse un cambio total en su actitud. Ya no venía a los jardines meramente a trabajar—venía a buscar al rey. 

El comenzó a entender que, contrario a la opinión de sus colegas, si uno se mantenía vigilante, era posible divisarle de vez en cuando entre los árboles del jardín. Le resultó inconcebible que sus compañeros hubiesen podido estar tantos años en ese lugar sin haberle visto jamás. Ellos simplemente venían con el fin de cuidar plantas; él llegaba con la meta de ver a su Majestad.

Durante varias semanas, el trabajo en el jardín real continuó de manera normal. Luego algo impensable sucedió. Uno de los mayordomos vino corriendo a donde estaba el nuevo jardinero y le informó que el rey requería su presencia. “El quiere verte en este momento en el palacio,” le avisó. El trabajador quedó estupefacto. “¿Cómo podría ser esto?” él pensó. 

Rápidamente se lavó las manos, y arreglando sus caballos, le siguió al hombre con mucho nerviosismo. ¿Por qué el rey quisiera verle a él? Con corazón latiendo fuertemente él caminó detrás del mayordomo por varios pasillos y para luego subir a un piso superior. Fue abierta una puerta tallada de cedro y de pronto se encontró en una habitación lujosa. Sentado en un sillón estaba el rey, esperándole.

Con sombrero en la mano, el trabajador se inclinó con sumo respeto. El rey se sonrió. El jardinero nunca había visto un rostro tan amable y tan sabio. Su majestad evidentemente estaba muy complacido en verle y con mucha gentileza le indicó otro sillón donde sentarse. 

El empleado nunca había hablado cara a cara con realeza. El no sabía qué decir, pero el monarca era tan amigable y tan cortés que rápidamente le hizo sentir a gusto. El rey preguntó por su esposa e hijos. El conocía todos sus nombres y estaba profundamente interesado en cada uno. Fue como si el trabajador estuviera conversando con un viejo amigo. Nunca nadie le había hecho sentir tan especial.

El rey se levantó y se acercó a la ventana mirando hacia el jardín. “A menudo me paro aquí y te observo cuando estás trabajando,” él comentó. “Y estoy muy agradecido por tu excelente labor aquí en los jardines del palacio.” El empleado quedó asombrado. Nunca se le había cruzado por la mente que el monarca pudiera estar contemplándole desde lejos. El logró tartamudear: “Es un gran privilegio trabajar aquí, su Majestad.” El hecho de que rey había estado con la mira puesta en él y que apreciaba su trabajo, le llenó de asombro.

El jardinero se sintió sobrecogido de una sensación de gozo que sobrepasaba todo lo que había conocido antes. Fue como una delicia extravagante que él nunca había pensado experimentar. Un asombro placentero descendía sobre él como olas del mar. Nunca una conversación le había proporcionado tan profundo placer y satisfacción.

Finalmente, después de aproximadamente un hora (que pareció ser cinco minutos), la visita extraordinaria llegó a su fin. El jardinero se despidió, se retiró de la presencia del rey, e iba de retorno a su trabajo en el jardín. No podía creer lo que había ocurrido. Uno de los cocineros del palacio le comentó a los otros que estaba seguro de haber visto por la ventana a uno de nuevos jardineros pasar danzando sobre el césped.

Al ver a uno de sus compañeros de trabajo, el asombrado jardinero se le acercó y le dijo: “No vas a creer esto, pero acabo de estar en el palacio conversando con el rey.” El colega le miró y se echó a reír a carcajadas. “¿Tú piensas que voy a creer eso?” él ridiculizó. 

No se le ocurrió por un momento que podía ser cierto. Los jardineros no se reúnen con la realeza. Evidentemente este nuevo trabajador tenía mucho que aprender acerca de los asuntos del palacio. Los que habían trabajado años en el jardín sabían que tales cosas nunca sucedían. Obviamente este novato lo estaba inventando.

Por cierto, era difícil de creer. Los reyes no tienen la costumbre de confraternizar con jardineros. ¡Todo el mundo sabe eso! 

Cuando les tocó a los trabajadores su momento del descanso, todos ya se habían enterado de la historia. El nuevo empleado se convirtió en el objeto de muchas mofas y risas. Algunos llegaron la conclusión que el hombre estaba sufriendo alucinaciones. Otros dijeron que personas como él no debían trabajar en los jardines reales. Nadie daba crédito a sus palabras.

Pero el nuevo trabajador sabía que era verdad. ¡El había conversado cara a cara con su Majestad! Mientras los demás volcaron su atención a discutir algún detalle del Manual Real de Procedimientos, el nuevo jardinero no podía dejar de meditar en su encuentro con el rey.

El siguió atendiendo sus responsabilidades diarias en los terrenos del palacio, pero de alguna manera todo había cambiado. ¡El había conocido al rey! ¡El monarca se había convertido en su amigo! Había momentos en el jardín cuando el obrero quedaba parado boquiabierto pensando al respecto. Y de vez en cuando se le veía echar una mirada a las ventanas del segundo piso del palacio.

Sus colegas estaban enfocados en seguir el Manual Real; él estaba enfocado en conocer a su Majestad. Si bien algunas personas sueñan sobre este tipo de suceso—¡este no era ningún sueño! Y él estaba seguro que su vida nunca sería la misma.

Published in: on 3 enero 2010 at 12:12 am  Dejar un comentario  

La sencillez que hay en Cristo

Actualmente nos encontramos en una época de complejidad religiosa.
La sencillez que hay en Cristo rara vez se encuentra entre nosotros.
      – A. W. Tozer
Published in: on 1 enero 2010 at 2:50 am  Dejar un comentario  
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