Ahora me glorío en el Señor

“En Jehová se gloriará mi alma; lo oirán los manos, y se alegrarán.” (Salmos 34:2)

Yo solía gloriarme en conocer las Sagradas Escrituras. Cuando alguien preguntaba por algún versículo en la Biblia, casi siempre podía indicarle donde encontrarlo. Cuando yo estaba presente no hacía falta una concordancia. Me sentía orgulloso de mis conocimientos y mi notoria “espiritualidad.” Sin embargo, tuve que darme cuenta que lo que vale no es conocer la Palabra escrita, sino conocer la Palabra viva. No se trata de acumular información, sino de crecer en una relación. Cristo dijo: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí…” (Juan 5:39, 40). Conocer el libro de Señor no es lo mismo que conocer al Señor del libro. AHORA ME GLORÍO EN EL SEÑOR.

Yo solía gloriarme en cuán bien lograba vivir la vida cristiana. Yo establecía normas elevadas, las defendía con fervor, y buscaba vivir a la altura de ellas. Me daba satisfacción pensar que me encontraba un tanto más arriba que otros cristianos que no se regían con esas normas, o ni siquiera las conocían. ¡Me sentía orgulloso de mi humildad! ¡Cuán difícil me resultó reconocer que la espiritualidad no consiste en guardar normas, sino en “la fe que obra por el amor” (Gálatas 5:6)! Y tuve que descubrir que mis actitudes de crítica y juicio eran pecados peores que “las faltas” que yo censuraba en otros. Yo estaba condenando las pajas de otros mientras que yo cargaba un tronco. Mi espiritualidad resultó ser ficticia. AHORA ME GLORÍO EN EL SEÑOR.

Yo solía gloriarme en no haber cometido algunos de los pecados escandalosos que otros practicaban. El pensar que yo no me había deslizado en esos hoyos, me proporcionaba bastante satisfacción; me daba un sentido de superioridad moral. Sin embargo, tuve que darme cuenta que mi orgullo y auto justicia eran pecados de mayor gravedad. Además me hacía falta entender que en mi corazón existía el pleno potencial de cometer cualquiera de esos pecados escandalosos. Si no lo he hecho, no es gracias a alguna virtud mía; es gracias a El. AHORA ME GLORÍO EN EL SEÑOR.

Yo solía gloriarme en ser parte de un movimiento eclesiástico que buscaba funcionar en base a los principios neo-testamentarios. Yo creía que hacíamos las cosas correcta y bíblicamente. Me llevó bastante tiempo reconocer que nuestro llamado no fue simplemente hacer las cosas correctamente. Somos llamados a manifestar a Cristo—y en ese campo estábamos lejos de la meta. Seguir un padrón te puede volver orgulloso; seguir a una Persona te mantendrá humilde. AHORA ME GLORÍO EN EL SEÑOR.

Yo solía gloriarme en mis buenas posiciones doctrinales. Tenía la seguridad de contar con capítulo y verso para apoyar mis convicciones bíblicas. ¡Qué bien podía debatir las menudencias teológicas! Mi ortodoxia me proporcionaba cierto rango espiritual más arriba de aquellos que no eran similarmente iluminados. Sin embargo, las Escrituras afirman: “Si alguno se imagina que sabe algo, aún no sabe nada como debe saberlo” (1 Corintios 8:2). Me fue doloroso aprender que yo me encontraba en la categoría de los que no saben nada. Mis pretensiones de tener buena doctrina comenzaron a desvanecerse al entender que por más conocedores que seamos, todos “vemos por espejo oscuramente” (1 Corintios 13;12). Ahora me doy cuenta que no tengo motivo alguno para jactarme de mis supuestos conocimientos. AHORA ME GLORÍO EN EL SEÑOR.

Yo solía gloriarme en haber esquivado los muchos errores que abundan en el escenario evangélico. Al ver a otros arrastrados por nuevas corrientes extremistas, me fue muy fácil criticarlos. ¡Qué lamentable que otros carecieran de discernimiento espiritual! ¡Cuán pocos nos mantenemos firmes en la verdad de Dios! Sin embargo, mis actitudes condescendientes sufrieron un revés cuando me topé con Filipenses 2:3: “antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo.” ¿Qué es lo que me hacía pensar que podía poseer la verdad de Cristo, mientras había en mí una total ausencia de la mente de Cristo? Mi jactancia resultó ser vana. AHORA ME GLORÍO EN EL SEÑOR.

Yo solía gloriarme en mi trayectoria de servicio cristiano. Había invertido buenos años en ganar a otros para Cristo, enseñar la Palabra, y servir en la obra.  Creía haber hecho una contribución positiva al reino de Dios. Sin embargo, me faltaba aprender lo que Pablo había afirmado: “he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo” (1 Corintios 15;10). Ahora me doy cuenta que si una rama lleva fruto es enteramente gracias a la vid. El Señor dijo: “separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15:5). Aprender eso fue difícil, pero crucial. AHORA ME GLORÍO EN EL SEÑOR.

Yo solía gloriarme en mi logros en distintas áreas. Estoy comenzando a entender que ningunos de estos son motivo para auto felicitarme—sólo son motivos de gratitud. El apóstol Pablo formuló estas preguntas escudriñadoras: “Porque ¿quién te distingue? ¿o qué tienes que nos hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?” (1 Corintios 4:7). Estoy aprendiendo que existe una sola razón para gloriarme. AHORA ME GLORÍO EN EL SEÑOR.

“Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Más alábase en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra…” (Jeremías 9:23,24).

“Pero lejos esté de mi gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo” (Gálatas 6:14).

(El autor de este ensayo es un misionero que se siente fuertemente tentado a gloriarse en haber escrito tan buen artículo.)

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Published in: on 30 abril 2011 at 6:07 am  Comments (1)  

Sólo abundancia

 En Dios no existe

ninguna necesidad

que necesita ser suplida,

sólo abundancia que desea dar.

–C. S. Lewis

Published in: on 16 abril 2011 at 10:18 am  Dejar un comentario  
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