Rehuyendo al Amor

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Soy el hijo pródigo cada vez que busco el amor incondicional donde no puede hallarse. ¿Por qué sigo ignorando el lugar del amor verdadero y me empeño en buscarlo en otra parte? ¿Por qué sigo marchándome del hogar donde soy tratado como un hijo de Dios, el amado de mi Padre?

Estoy admirado de cómo sigo empleando los regalos que Dios me ha dado, mi salud, mis dones intelectuales y emocionales, y sigo utilizándolos para impresionar a la gente, para reafirmarme, y para competir por el premio, en vez de utilizarlos para gloria de Dios… Es casi como si quisiera demostrarme a mí mismo y al mundo que no necesito del amor de Dios, que puedo vivir por mí mismo, que quiero ser plenamente independiente…

Pero el Padre continúa esperándome con los brazos abiertos, preparado para recibirme y susurrarme al oído: “Tú eres mi hijo amado, en quien me complazco.”

–Henri Nouwen,
El Regreso del Pródigo

Misericordia y gracia

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¿La diferencia entre misericordia y gracia?
La misericordia le dio al hijo pródigo
una segunda oportunidad.
La gracia le dio un banquete.

–Max Lucado

Published in: on 16 marzo 2013 at 11:13 am  Comments (1)  
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Ocurrió al revés

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Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. (Lucas 15:20)

Un padre tiene que ser razonable y debe en todo momento preservar su dignidad. ¿Adelantarme yo para recibir a mi hijo para darle la bienvenida? No sería lógico. Ni tampoco pedagógico. Sería quitar importancia al gravísimo pecado que cometió cuando se marchó de casa. Sería tratar al desertor como si viniera de haber cumplido alguna heroica misión. Debo evitar esa imagen tan equívoca. Me alegra profundamente su regreso, pero no puedo permitir que mis sentimientos me traicionen. Le perdonaré, desde luego. Soy un padre que ama a sus hijos. Pero le esperaré sentado en mi aposento, y él tendrá que venir hasta mí.

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Ha de mostrarse arrepentido y confesar su pecado y pedirme perdón con humildad. Después habrá una pausa. Y después hablaré yo. Le perdonaré sinceramente, pero antes tengo que manifestar el hondo disgusto que me produjo su marcha, tengo que hacerle comprender la magnitud de su infidelidad; eso le servirá de advertencia para lo sucesivo. Si no muestra explícitamente un propósito de enmienda, le exigiré que lo haga. Después le concederé el perdón. Un perdón dignamente otorgado y humildemente recibido, como debe ser.

Ya se sabe, todo ocurrió exactamente al revés.

–José María Cabodevilla
El Padre del Hijo Pródigo

Un Dios que danza con gozo

Jesús puso de cabeza la teología de los fariseos. En lugar de un Dios que lleva la contabilidad, revisa su lista—el legalista divino, Jesús les confronta con el cuadro de un Dios que danza con gozo frente a un fracasado que regresa a casa.

–C. Baxter Kruger

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