¿Qué te hace sentir que eres “alguien”?

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¿Qué te hace sentir que eres “alguien”?

¿Un carro de lujo?

Un día quedará hecho chatarra.

¿Una buena suma en el banco?

Al final no llevarás ni un centavo.

¿Un título profesional?

Algún día ese cartón quedará en la basura.

¿Un cargo importante?

Un día ese cargo será tomado por otro.

¿Tu atractivo físico?

La vejez y la muerte pondrán fin a ello.

Ninguna de estas cosas te hace “alguien”.

Hay un solo tesoro que hace que seas “alguien”—Y ES SER AMADO POR DIOS.

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Por la redención del Señor Jesucristo cada creyente se encuentra amado por Dios con la misma intensidad de amor que el Padre le tiene a su Hijo amado—¡y más grande amor no hay! Gracias a Nuestro Salvador nos encontramos bajo el torrente del infinito, inalterable, inagotable amor de Dios. Somos objetos de un amor que no podemos explicar, no podemos medir, y nunca podemos perder.

Y eso vale más que todo el oro del mundo.

Ser el amado de Dios es lo único que de verdad te hace “alguien”.

¿Qué más puedes añadir a tu currículo que esté por encima de eso?

–Jorge Schulz

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Lo importante está claro

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“Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre…” (Dt. 29:29)

Esta Escritura señala dos categorías de temas: las cosas secretas y las reveladas. Hay muchos temas sobre los que tenemos poca luz. Estas cosas secretas no nos han sido dadas—pertenecen a Dios, y debemos reconocer que Él es el propietario de ellas. Por otro lado, hay verdades que Dios ha revelado claramente. Estos temas se fundamentan, no sobre uno o dos versos, sino que cuentan con una amplia base bíblica. Son doctrinas que debemos creer y afirmar.

El problema surge cuando se maneja con dogmatismo conceptos discutibles sobre los que tenemos escasa revelación. Cuando existe diversidad de posiciones entre cristianos a menudo es porque Dios no ha visto conveniente darnos plena luz al respecto. No satisfecho con eso, alegremente sacamos conclusiones claras y concretas en base a información parcial. Nos dejamos seducir por la tentación de figurar como quien “posee la verdad.” Terminamos manejando “las cosas secretas” de Dios como si fueran “cosas reveladas”. Nos adueñamos de lo que no nos ha sido dado. Con frecuencia el resultado es disensión, conflicto, y división.

Si estos temas tuvieran vital importancia para nosotros, ¿acaso Dios no nos hubiera proporcionado mayor luz al respecto? Y si el Señor no se ha preocupado de hacerlo, ¿por qué entrar en debates y divisiones sobre el asunto? ¿No sería mejor reconocer nuestras limitaciones en cuanto a “las cosas secretas” y manejar estos puntos con mayor humildad, madurez, y respeto? Anthony de Mello nos recuerda que “la sabiduría aumenta en proporción a la percepción de nuestra ignorancia.” Haremos bien en prestar atención a la advertencia del apóstol Pablo en 1 Co. 8:2: “Y si alguno se imagina que sabe algo aún no sabe nada como debe saberlo.”

Un hombre sabio dijo:
“Lo que es importante está claro.
Lo no está claro no es importante.”

Hay mucha enseñanza bíblica que es absolutamente clara. Pidamos a Dios la gracia de caminar con firmeza en esa luz. En las áreas donde existe menos claridad, tengamos cuidado que nuestras opiniones no se conviertan en dogmas. Reconozcamos nuestras severas limitaciones, y prestemos mayor atención a “las cosas reveladas.” Eso nos dará bastante que hacer hasta aquel día cuando dejemos de ver oscuramente y “veremos cara a cara”.

–Jorge Schulz

Published in: on 8 agosto 2013 at 6:20 am  Dejar un comentario  
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